12 de julio de 2013

El Simbolismo en El Sueño

Aunque Freud, inicialmente, y aún hoy en día muchos psicoanalistas se oponen a la interpretación universal de una correspondencia automática entre los símbolos del contenido manifiesto del sueño y su significado latente; el mismo llegó a admitir tal correspondencia en determinados casos; pero siempre combinándola y postergándola al método de la asociación libre.

La influencia de las investigaciones antropológicas, y quizás la propia influencia de sus discípulos iniciales (p.e Jung) le llevaron a esta solución de compromiso. Lo llamativo es que hoy en día muchos psicoanalistas que pretenden un fiel retorno a Freud, rechazan esta actitud freudiana, y niegan el papel de los símbolos universales en determinados casos.

De hecho, Freud, llegó a la conclusión de que en determinados casos hay sueños prototípicos que pueden interpretarse por su correspondencia simbólica; pero solo cuando el sujeto del sueño es incapaz de asociar libremente sobre el contenido del mismo.
Es decir el simbolismo aparece como un método auxiliar a la asociación libre, cuando esta se ve dificultada.

En esta línea, Freud expone una serie de correspondencia de símbolos y órganos sexuales; como por ejemplo los objetos del contenido manifiesto alargados, que perforan o que se elevan y los órganos sexuales masculinos o la actividad sexual masculina; o la relación entre los objetos con cavidad y salientes con los órganos sexuales femeninos.

Aspectos problemáticos de la teoría psicoanalítica de los sueños y respuesta de Freud a estos problemas:

Uno de los puntos que Freud sostuvo de manera más persistente, a pesar de las numerosas críticas, es que los sueños son realizaciones de deseos.
En el mundo alucinatorio de la fantasía onírica satisfacemos lo que no podemos en la realidad.

A los problemas de los sueños desagradables, las pesadillas, etc. que parecen contradecir la realización de un deseo, Freud argumenta que a nivel manifiesto presentan estos rasgos angustiosos, pero que teniendo en cuenta de que no hay que confundirlo con el contenido latente del deseo inconsciente, estos han sufrido esas transformaciones.
Cuando el sujeto ha experimentado un intenso deseo latente que ha sido censurado por los mecanismos de trabajo del sueño, y no ha sido suficiente su represión o transformación se han añadido una fuerte ansiedad que refleja por un lado la fuerza del deseo y por otro la de la censura, que puede llegar a despertarlo como reacción defensiva.

Los sueños, al igual que los síntomas, son formaciones de compromiso.
El yo al percibir el peligro del deseo del ello inconsciente, responde con angustia, y esta angustia sirve como señal para movilizar los recursos defensivos, que pueden llegar a despertar al sujeto bruscamente.

Otro problema importante son los casos de sueños de compulsión a la repetición, como los que se observan tras sucesos trágicos y traumáticos como accidentes, neurosis de guerras y otros traumas. Estos sueños presentan una noche tras otra, fragmentos angustiosos de la experiencia traumática.

Por primera vez, Freud (1920) llegó a admitir una excepción a la realización de deseos, e introduce el principio de compulsión a la repetición.
Hay que tener en cuenta de que Freud, fue modificando su teoría progresivamente a lo largo del tiempo.
El, sin embargo considera este caso como una excepción a la que trata de quitar importancia.
De hecho, posteriormente propuso que los sueños más que una realización de deseos son un intento de realización de deseos.
Las pesadillas de las neurosis de guerra por lo tanto eran fallos en el intento de satisfacer el deseo de controlar la realidad abrumadora desagradable.

En su obra de 1920, Más allá del principio de placer, Freud introduce una reformulación capital de su teoría pulsional.
En este momento concibe las pulsiones inconscientes como remitiendo a dos clases: las pulsiones anabólicas (incluidas la sexual y la de auto-conservación) y las catabólicas (pulsiones de muerte o destructivas contra uno mismo o los demás).
A pesar de esto, no introdujo esa dicotomía en su teoría de los sueños; sino que se limitó a abandonar el significado consensuado de deseo.
El deseo sería la expresión de la pulsión anabólica o catabólica, de placer o de destrucción-agresión.

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